El miedo a Europa

PLAZUELA LOS GITANILLOS DE CADIZ

“Canta hasta que la boca te sepa a sangre”

La reina descalza, Ildefonso Falcones

Desde que llegué a España tengo la sensación de no encajar. Dicho así es lógico, hace un mes que estoy aquí después de diez años. Aquí  he vivido cuatro años, pero en otros tiempos, tiempos de bonanza para España, tiempos de desdicha profunda (2001, Corralito) para los argentinos.

Ahora, la sensación que tengo es más animal. Y voy a tratar de contarlo de frente a la vista lejana de las luces del Escorial.

Mi sentir no pasa hoy por lo lógico, sino por lo que llevamos metido en nuestra sangre desde que nuestros abuelos (o padres en mi caso) han ido a hacerse la América: el miedo.

La huída de ellos de una Europa de guerra, entre, o pos-guerras; nos lo han transmitido así como los dichos, las comidas, las preferencias por tal o cuál arte, lo que sea junto con el miedo. Hemos mamado Europa desde pequeños, y ahora que hemos (algunos) regresado, y algunos otros como yo, por no sé qué cantidad de veces (creo que la cuarta ya) no como turista, sino a vivir con un pasaporte y una nacionalidad que por Ius sanguinis nos es otorgada; la vivimos, la olemos, la caminamos y, en mi caso, la padecemos.

En la Argentina hay un dicho que significa esto de haber mamado la “europeidad” y es el que dice “Los argentinos descendemos de los barcos”. Y ( aunque yo siempre acoto: los porteños sobre todo, quiero decir los de la ciudad de Buenos Aires) es así tal cual, por lo menos para la gente de mi edad.

En Argentina uno va por la calle, en un colectivo, tren o … o se encuentra en una reunión con gente que no conoce y si se pone a indagar, la gran mayoría dirá que su padre o su madre han venido en barco desde Europa, y si no fueron sus padres o madres, sus abuelos y abuelas. Los argentinos descendemos de los barcos, o venimos de los barcos, da igual.

La cosa es que yo vine a Europa, por vez primera, hace treinta años. Más de la mitad de mi vida. Era una docente recién recibida, o una artista haciendo sus primeros pinitos, que nunca había salido del país, y, para que se imaginen los lectores jóvenes, no existían más que los mapas y los atlas. No había internet, no whatsapp, no móviles, no ge-pe-eses. Nada.

Recuerdo que le conté a mi hermano que quería irme a Europa, y él que ya había vivido aquí, me dijo, ¿pero a dónde? porque Europa es grande. Le dije, no sé, quiero irme a Europa el año que viene. Él trajo un mapa, y me dijo, a ver Diana, mirá acá, ¿ves? aquí estuve yo, dijo marcando con su dedo sobre el mapa a Milán, ¿a dónde te irías vos? Yo miré los colores de los distintos países, y le dije, pues acá. Y puse el dedo en España.

Claro que en ese momento, ni me imaginaba que cuando viniera a España, los españoles no hablarían en ” argentino” sino que hablaban en castellano, o como se le decía en aquel momento, en español, que para nosotros era solo uno.

Y así fue que cuando llegué al aeropuerto viejo de Barajas, parecido al viejo de Munich, parecido al viejo de Chile (en esa época todos los aeropuertos se parecían bastante) me encontré con que me hablaban tan rápido que no era capaz de entender lo que me decían hasta después de una o dos veces, así de dura era yo de oído…

Pues, al rato de estar dando vueltas con un bolso sin rueditas como los que hay ahora, de color magenta, y tan largo como mi desamparo; que me habían ayudado a montar en un carro que tenía un hierro tan alto, tan alto, que ni siquiera me permitía ir al baño (servicio le decían acá), me cansé, y llamé de un teléfono público a mi otro hermano que hacía poco más de un año vivía en Alemania, para decirle que me iba hacia allá.

Hoy recuerdo todo eso y me río mucho, de mi ingenuidad, de mi inocencia; pero también lloro y me pregunto por qué, por qué no nos contaron, por qué no nos dijeron, por qué solo fueron capaces, nuestros padres, de repetir hasta el hartazgo historias de miseria y guerras.

Deduzco que fue porque en América ( y como buena americana que soy no hablo de América del Norte solamente, hablo de toda América) encontraron trabajo, y pudieron rápidamente hacer lo que no podían en Europa: comer, trabajar, tener dignidad, casa , techo, dinero…no sé. Es lo que pienso ahora, ya con la edad que tenía mi abuela cuando estaba cómodamente instalada en Argentina.

Pero volviendo al tema del título, el miedo a Europa, es el miedo del que quisiera hablar, el miedo a ser ciudadana de segunda categoría, el miedo a que las autoridades y sobre todo los empleados públicos, no la gente común ¡por favor!; nos traten o me traten como si tuviera que demostrar que soy valiosa, que no vengo a quitarle el trabajo a nadie, que vengo en son de paz como dirían en los cuentos.

Desde que llegué hace un mes, siento que a mi Europa me la han cambiado, ya no es la solidaria, ya no es la interesada en saber cómo vivíamos los hijos de. A esta Europa le han metido una gran dosis de fachismo, de esto es mío esto es mío y solo mío, una dosis de miedo al otro, miedo al miedo.

Por eso es que me siento fatal, y desde que llegué, salvo el período que anduve por los campos del Quijote, cuento los días que me quedan para irme, como hace una condenada. Porque quise como siempre ir por la senda legal y me encuentro que cada vez me la ponen más difícil, y que si hubiera seguido los consejos de algunos experimentados españoles, hoy no estaría yendo de oficina en oficina pública, ni gastando euros en obtener algo que no pienso usar, porque decidí volverme ya, en poco más de diez días.

El miedo se ha introducido en mis venas o ha salido de ellas, el miedo no me deja dormir, el miedo saca toda la tristeza del mundo ni bien abro los ojos, o me despierta cuando el muchachito con el que comparto casa se va a dormir, después de jugar en su ordenador hasta altas horas de la madrugada, cosa común hoy en día, pero que aquí me deja en la más absoluta soledad, y me pregunto cómo es que llegué a esto, si fui una mujer tan viajera como experimentada en esto de vivir en Europa.

Pues, el otro día terminé un libro que me prestó una amiga, La reina descalza, una novela que si bien no me atrapó en su trama durante sus 740 páginas, me removió dolores ancestrales. Una novela en la que Ildefonso Falcones cuenta las peripecias de una negra libre recién arribada de Cuba a la Sevilla de 1748, sin saber a dónde ir y que termina haciéndose amiga de una gitanilla, antes de la gran redada contra los gitanos de 1750 y pico.

Este libro me fue acompañando noche a noche, rato a rato, en los distintos momentos de mi vano intento de arraigo europeo, y muchas veces sentí que en vez de hablar de la morena liberada o de cualquier gitano que trataba de conservar su dignidad, estaba el autor hablando de mi sentimiento, de mi cansancio, de mi dolor. Para no hacer este posteo tan largo voy a citar una de las frases que junto con la del principio, fueron las que más hondo calaron:

“Había respirado solo cuatro bocanadas de libertad ya y los recuerdos se abrían paso en su memoria”

Porque es eso lo que hoy siento, me fui de una Argentina diezmada, donde respirar se me hacía difícil, para acabar en una tierra donde fui muy feliz en otros años, pero que hoy siento que sus gobernantes, sus empleados públicos, me dan la espalda. Y no solo a mí, como me ha aclarado hoy una vecina española que pronto cerrará su hermosa tienda gracias al acoso de la hacienda española. Europa le está apretando el cuello hasta a sus propios hijos nacidos aquí.

Eso es básicamente lo que quería contar, el miedo que se respira en cada habitante de suelo europeo, que no es el lógico miedo a morir en un atentado de unos fanáticos religiosos como nos quieren hacer creer, o bajo los misiles de un lunático presidente de un país del Norte que solo sabe mirar su ombligo o su peluca anaranjada. Hoy, en Europa, hay miedo. Y sobre todo al tremendo papeleo que exigen para poder trabajar, sea uno nacido y criado aquí o descendiente de los barcos.

Si no, vean solo el trailer de la triste y bellísima película inglesa: I, Daniel Blake. Aquí en español: Yo, Daniel Blake .

Yo, Diana Laurencich.

 

A todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar algún suelo en este miserable mundo.

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Los ayudantes de mi caída y mi renacimiento

Rojo sol, luna cruel,
papi nunca va a volver.
Nada es tuyo de verdad,
ciérralos, duerme ya.
Si muero  mientras dormís
no te pongas a llorar…
Nada es nunca lo que ves,
escalá hacia lo que soñés.
Si muero mientras dormís
no te pongas a llorar.
Ciérralos,
duerme ya.

Esta nana, desde que la escuché hace años en el Torcuato Tasso cantada por Dolores Solá acompañada por su marido Acho Estol, no dejó de sonar, obsesivamente, como la luna cruel de la que habla. Se reprodujo una y cien veces hasta que me hizo surco en el alma.
Algo hay en ella que me hizo sacar la cámara del bolso y hacer lo que nunca hago, registrar en vivo un tema. No me gusta, no por lo derechos de reproducción a los que jamás le doy bola, porque no se puede comparar el escuchar a La Chicana en vivo o escuchar su disco con ver un estúpido video.
Para nada. Sería, como dijo Zaffaroni, el juez al que acusaban de tener un prostíbulo, sería una débil mental si lo pensara.

La cosa es que fue ese recital el que abrió hace años la puerta que me hacía falta.
Después de  siete años de búsqueda, de siete cabalísticos años de demoler muñecos, de golpear manos y que nadie salga del rancho, meses en los que quedé enfrentada a mi conciencia, a mi más absoluta soledad, desencantada de tipos a los que les pedís trabajo y se hacen olímpicamente los boludos, amigos que te dan la espalda, gente que no tuvo nada que ver en lo que pudo haber sido el detonante de todo, pero la voz corrió y hubo pocos que supieron lo que dice la nana del principio, nada es nunca lo que ves, un caso de amor más se convirtió en un crimen por el que debo pagar, quién sabe, hasta el fin de mi vida.

Decía antes que en estos años, de volver sí, a encontrarme con los amigos verdaderos, esos que siempre estuvieron , más allá de la fama efímera, del éxito de mercado, esos que te quieren por tu esencia y no por la botella de champagne que le llevás a la fiesta, esos que lloran con vos o te pegan un revoleo cuando te ven con el rouge corrido siendo una decandente máscara de lo que una vez fuiste, esos, de fierro, tremendos cachos de fierro que no te sueltan ni a sol ni a sombra, esos son pocos, muy pocos, y de una u otra manera en general, están ligados a tu infancia, o a tus principios; cuando, como dice la nana “escalás hacia lo que soñás” y no tenés delirios de grandeza, ni te la crees. Sabés que lo que hoy está encumbrado en un palo dorado cae mañana por un feroz viento del sur y se rompe en mil pedazos y nadie te va a ayudar a juntar los pedacitos de muertes y vidas , historias de renuncias y decisiones que subiste ahí, bien en lo alto, para que todos vean y digan ohhhh… Es entonces como cuenta Maradona, a quien amo profundamente porque un tipo que le da tanta alegría a un pueblo, a varios pueblos, (digo a varios porque en 1987 apareció en un afiche de un bar de una reproducción a escala real de la ciudad de Yemen, dentro del Deustches Museum de la ciudad de Munich.Creo que ahí tomé la dimensión de cómo lo querían los pueblos, en una de las situaciones más surrealistas que vi con mis propios ojitos, cuando aún no necesitaba anteojos, pero no tenía una cámara de video, ni siquiera una de fotos para demostrar la fuerza de ese personaje que atravesaba tantas barreras en una época en que la internet estaba lejos de ser un ayuda memoria más en nuestra vida) y decía entonces que un tipo que tanta alegría le dio al pueblo argentino, más al de Yemen más al alemán, por lo menos en este caso que cuento, no se merece ser tildado de drogadicto, o arrogante. Es un tipo que vivió lo peor de lo peor, pasó de pobre villero a vivir como un rey a quien se le abrían todas las puertas, y de repente a ser un degenerado que sólo toma cocaína. Eso es lo que me duele, la estigmatización de la gente por la gente misma, el cerrar puertas en tus narices porque una vez en tu puta vida no hiciste lo que se suponía debías hacer, le fallaste a la sociedad, le clavaste un puñal a las buenas costumbres, viviste con ganas arriesgándote mientras los que te acompañaban hasta entonces dijeron no, mucho para mí, no.

Por eso, aunque se podría decir que mi caída comenzó el día que vi Man on wire, ls historia de un funámbulo que cruza sobre un hilo ¿sin arnés? preguntó Baltasar. Sin arnés querido, sólo con un palo, caminó en el cielo sólo con un palo desde una torre gemela a la otra cuando todavía estaban em pie, y no sólo fue y vino ocho veces, no, se arrodilló, se acostó en el palo a 450 metros de altura, y se dio el gusto de llegar a una punta casi casi al alcance de los guardias que lo querían meter en cana pero no podían. Y pegaba la vuelta, volvia a caminar para el medio, ese medio que pendulaba por el viento, sobre el abismo al que nadie soportaba animarse, ese medio sólo para locos, soñadores, utópicos, que desafían todas las normas de la sociedad, sin armas, sin violencia, sin campañas sucias.

El día que vi esa película algo me impulsó al abismo, y yo que sufro de vértigo, sentí que cada uno, en sus acciones contestatarias, estamos ahí, en el medio de ese hilo, de esa soga, que une dos torres gemelas de edificios que fueron construidos para demostrar poderío y que más tarde, como en una tragedia griega, serían destruidos por la ira de los que detentan el poder más bajo, el de creer que con el miedo se dominan pueblos, el poder de las potencias mundiales, que ya sabemos todos a esta altura, son tan endebles que pueden entrar en default como cualquier país subdesarrollado, como se decía antes, o países en desarrollo como se dice ahora.

Pero todavía debían sucederse una cadena de acontecimientos en mi vida , para llegar al punto de darme cuenta de mi caída, todavía no estaba del todo claro, no había suficiente luz para mostrarme el pozo en el que yacía, o todavía creía que, como en la película 127 horas, tenía agua para rato y alguien me rescataría sacándome de encima del brazo la piedra que me lo aplastaba.

Y así, fui sujeto de varios empujones hacia el final, hasta que una noche vi una película recomendada por el amigo de un amigo para ilustrar lo que le rondaba en su cabeza, desde el momento mismo en que leyó el guión del largo que escribí y que le mandé a Barcelona. Esa película fue Caótica Ana, de Julio Medem, y si bien hay situaciones que no entiendo por qué no las quitó , situaciones que están demás para mí, y siempre para mí, demás en esa historia; hubo algo que me recordó otro algo cuando la terminé de ver, y me fui a la cama no sin antes buscar en la biblioteca un libro que me regaló mi viejo, mejor dicho, EL único libro que me regaló mi viejo ya siendo adulta yo, y viviendo rodeada de saharahuis en la isla volcánica de Lanzarote, un libro que me trajo mi hermana hasta Alemania, con una dedicatoria de mi papá aún vivo, que dice, con cariño para mi hija Diana, papá Maximiliano, y está firmado con esa firma aprendida en Argentina, al llegar a sus diez años, y cambiar de un día para el otro su idioma, y aprender que debía firmar con su nombre completo oculto tras un garabatear de líneas curvas que  seguro él no sabía se asemejaban al símbolo del infinito repetido varias veces, hasta que la birome comandada por su mano hacía una colita hacia abajo demostrado ya que la firma había sido acabada.

Ese libro es Mujeres que corren con lobos, y la recomendación vino de mi propia hermana, Alejandra, que supongo en esa época admiraba mi osadía, y mi libertad, tanto como después la criticó, cuando me enamoré de quien no debía haberme enamorado, como si el enamoramiento se pudiera controlar.

Cuando me iba a la cama con el libro bajo el brazo  dispuesta a encontrarme con lo que el destino me quisiera dar a leer, abierto el libro, no por el principio sino al azar, recordé una vez más que la película hablaba de una mujer que hablaba por muchas otras que ya no tenían voz. Y recordé también un viejo texto mío, en stand by, con el que inicié una serie de entrevistas a mujeres golpeadas por la vida de una forma brutal. Lo busqué y vi su fecha, lo escribí un agosto de hace ya diez años, el principio es este:

Siento que mi sangre ruge para ser escuchada. Mi sangre hoy, guarda  la voz de muchas. La mayoría desconocidas para mí, pero no para mis venas ni para mi espíritu. Debo comenzar esta tarea antes de que sea tarde. Dar puntada tras puntada, uniendo retazos como las indias nahuátl. Y termina así:
Por todas ellas, para conjurar nuestro espanto frente ala violencia más brutal, es que comienzo estos relatos o crónicas que ojalá sirvan para mitigar lo que sabemos, más tarde que temprano, a juzgar por los acontecimientos, algún día acabará.

Ese fue el comienzo la punta del hilo de Ariadna, un laberinto en el que me metí, como la caótica de Ana de Julio Medem en su film, sin desearlo, sólo por la tremenda necesidad de hablar por ellas, aquellas temerarias y benditas mujeres que corriendo con los lobos, no pudieron ser domesticadas.

Y esa noche abrí el libro en cualquier página, y me encontré con este párrafo del análisis del cuento de Vasalisa cuando a la vuelta de su viaje iniciático porta una calavera que le entregó la Yagá, la bruja salvaje, para que alumbre su camino:
“Ha atravesado la oscuridad prestando atención a su voz interior y ha podido resistir la contemplación del rostro de la Bruja, que es una faceta de su propia naturaleza,pero también la poderosa naturaleza salvaje. De esta manera puede comprender el temible poder de su propia conciencia y el de la conciencia de de los demás. Y ya no dice, le tengo miedo…Vasalisa regresa a casa con la temible calavera ensartada en un palo…una temible luz emana de los ojos, los oídos, la nariz y la boca de la calavera…lleva la llama de la sabiduría;posee unos sentidos despiertos. Puede oír, ver, oler, y saborear las cosas…por un instante Vasalisa se asusta del poder que lleva…la mujer que recupera su intuición y los poderes yaguianos llega a un punto en el que siente la tentación de desecharlos, pues ¿de qué sirve ver y saber todas estas cosas?. La luz de la calavera no tiene compasión. Bajo su resplandor, los ancianos son unos viejos; lo bello es lujuriante; el tonto es un necio…”

Y así apagué la luz, no la de la calavera de Vasalisa, de Ana, de Ingrid, o Dian; no, la luz que me posibilitó el sueño , hurgar en esas cavernas temibles de la intuición que en mi caso, la mayoría de las veces, me avisan lo que va a suceder de un modo crudo y bestial, sólo que yo como una tierna Vasalisa antes de descubrir el poder de la Yagá y de llevar bien alto la calavera, fingía olvidar, para poder sonreírle al mundo y ser aceptada como una más.
Por eso, aquel sábado escuchando esta nanaque me hubiera encantado cantársela a mi hijo cuando me quedé sola con él, me reencontré con una parte mía dejada en el Bar Británico frente al Parque Lezama hacía más de treinta años, después  estuve al lado de la moribunda madre de una amiga de la infancia, y por eso pude renunciar esta semana a ser lo que los ayudantes de mi caída querían que fuera. Porque a la luz de la ya pronta calavera de Quiquí, así se llamaba la madre de mi amiga, o así le decíamos en mi infancia, que soportó pelotones de fusilamiento, cárcel y violaciones, exilios y amores imposibles, algo comencé a ver. Los años con sus causalidades hizo lo demás.
Un tropezón, no es caída.

Y como dice la nana y hoy que mi hijo, mi único hijo cumple 21 años, le dedico esta nana para su vida:

Si muero  mientras dormís, no te pongas a llorar, nada es nunca lo que ves, escalá hacia lo que soñés. Si muero mientras dormís, no te pongas a llorar. Ciérralos, duerme ya.

Letra de  Lullaby, de Tom Waits, adaptada al castellano por Acho Estol, y cantada magistralmente por Dolores Solá.

A Balta por supuesto y a Quiquí.

 

viva pez

Y sí.

Viva Pez!

Una vez más. Pez. HOY

Llegó, sacó su entrada y pasó por el scanner, escuchó, lloró y aplaudió, salió de ese viejo teatro del barrio de Flores, donde vio a otro grupo, hace años de años, y sintió la misma fuerza y la misma ternura, y se conmovió igual, fragilinvencible, así sonaba aquel y así sonó éste. Hoy. PEZ de Buenos Aires, Ariel Minimal y su gente. Se quedó esperando como en los viejos tiempos, una vez más, un bis, la gente joven se resigna pensó, la hace fácil, antes nos ardían las manos hasta que el tipo salía y tocaba ahí, para los que le habíamos hecho  el aguante, pero no, las almas sensibles tenían más ganas de salir a tomar una cerveza, que a pedir un tema más. Entonces se prendió un cigarrillo y salió a caminar sin urgencia, mirando, escuchando, oliendo  Rivadavia de noche, la avenida más larga del mundo,era  lo más parecido a pasear,  como decía la canción. Encontró el lugar donde quedaba el primer estudio de filmación en el que que vivió y se entregó.El set, donde fue escenógrafa. Donde tomó mate con el que tocó en el mismo teatro que el Pez de HOY, muchos años atrás . Donde pintó graffities, fumó y se drogó. Se río y lloró, 1998, todo un palo cantaban los redondos, lo veía, lo sentía, por eso estaba detrás de cámara. Noches y días, sin ver el sol. Pero eso fue hace rato, hoy,  hace la Última curva y parece que la senda está llegando a su final//me abro camino en la nada o detengo mi andar/Tras un descanso decido que lo mejor es entregarme al azar/y aunque no tenga un destino empiezo a caminar/La historia es el viaje, no hay ningún apuro por llegar/No corro una carrera, esto es más parecido a pasear/Y si de pronto una noche las luces del cielo dejan de brillar/quedo sin norte y entonces me pongo a pensar/que hubiera hecho mi padre si hubiera estado él en mi lugar/ruego poder distinguir el bien del mal/La historia es el viaje, no hay ningún apuro por llegar/no corro una carrera, esto es más parecido a pasear/No hay nadie quien decida, mentira es la verdad/como rueda la vida y esto es más parecido a pasear.Y las luces dejaron de brillar y decidió el viaje. Pronto el viaje la llevaría a otro lugar. Sin apuro por llegar. Hoy, para las almas sensibles, no se sabe si hay lugar. Tampoco sabe si será su último acto. Quizá cante como como él SOÑAR SOÑAR :

 

Crecer, crecer, no siempre implica un despertar
algo que no se pudo ver pero que siempre estuvo acá
Quisiera hablar con él, poder sentir su voz
Y no escapar si no se sabe adonde ir
una mirada atrás, la historia enseñará a no repetirnos
Honrar la ansiada libertad
luchar y el perseguir los sueños
y sin saber porqué estamos acá
hacer que esto resulte bueno
Soñar, soñar, que una palabra nos alumbra
bajo su luz crecer y el fruto que daremos será tierno
Honrar la ansiada libertad
luchar y el perseguir los sueños
y sin saber porqué estamos acá
hacer que esto resulte bueno
Quisiera hablar con él, poder sentir su voz.

o tal vez cante esta otra yendo hacia la nieve de la montaña:

Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar
mojo mis pies y vuelvo a volar.
No pregunto en la mañana hacia dónde debo ir,
ya lo sabré, el tiempo dirá.
Si el destino me quiere en el sur
viajaré temprano con la luz.
Cielo todo el día y a la noche barro.
Si la lluvia moja mi alma el aire la va a secar.
Si no hay un dios algo bueno habrá.
Y el rocío y cierta calma y el último sol de abril
me embestirán, tendré que partir.
Nada hay más cierto que sentir,
nadie más que yo sabrá elegir.
Cielo todo el día y a la noche barro,
árbol dame asilo
y un paisaje endemoniado,
la tormenta por venir.
Si hoy no llego a ningún lado
mejor es dormir, mejor que morir.
Cielo todo el día y a la noche barro.

 

Hoy yo colgué mi dolor bajo un sol de verdad que secó mis tristezas
y vi que la luz y el calor de un amor tan real disipó mis miserias
No se aprende a vivir, sólo se vive y ya
hasta que un día te amalgames con la tierra
Cotidianeidad trascendental y saber reconocer lo que excede a la carne
No se aprende a vivir, sólo se vive y ya
hasta que un día te amalgames con la tierra
Cuando golpea la verdad, emoción y rodilla en tierra.

 

 

Las letras le hicieron recordar lo que le enseñó su maestra del Norte.

Cuando golpea la verdad, emoción y rodilla en tierra.

Del nombre del teatro , se acordó después:

FENIX.

Todo lo que subí al post hoy se lo debo a una persona, un cape , con esa persona escuché a los Pez por primera vez, el violín del tema El viaje, qué haría mi padre en mi lugar. De ahí todo mi sentir, quizá para muchos exagerado. Pero si alguna noche para ustedes las luces del cielo dejan de brillar, pinchen en los links, paseen por su web, y recuerden este banda:Pez de Buenos Aires. Su líder, va a sonar y va a llegar lejos con las luces encendidas: Ariel Minimal. Gracias.

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