El dolor del amor

 

Worth50

Terminé de ver los seis capítulos de una serie sobre comadronas.

Ellas buscaban paliar el dolor huyendo del amor,

porque el amor, según ellas, dolía.

El amor, sí, claro que duele.

Claro que es estúpido hablar de esto

cuando el que lo vivió lo sabe.

Los hijos hoy cenan afuera

cuando les cociné pastel de carne para ellos.

¡Pero si me olvidé de ponerle huevo a la carne!

¡Si seré inútil como madre! Y seré inútil cocinando…

no amando, no,

nunca fui inútil amando,

aunque a veces fue inútil el tiempo perdido en algo que no sucedió

y no sucedió jamás porque nada hoy existe

porque el tiempo limpia el vómito

enjuaga la sangre

y seca el semen.

Lamento no ser más clara al escribir,

lamento este lamento

por el amor mal habido

mal llevado

mal querido.

Si al final seremos ceniza,

al final, solo huesitos rotos,

al final, locura olvidada entre páginas y páginas de manuscritos.

Pero el amor que dimos,

ese, ese amor puro sin delicadeza, sin esperanza y sin remedio,

ese amor será recordado aún

cuando ya no estemos en el recuerdo de nadie.

Mirta Colángelo

mirta

Si hubo una mina que me hizo temblar

si hubo alguien en quién creía de verdad

si de alguien pude decir que hacía magia

fue ella.

No lloro a los amigos que se fueron, estarán (lo sé) mejor que yo.

No lloro a los amigos. Los extraño sin remedio.

 

Para los que no tuvieron el placer de conocer a esa mujer que se fue el día de la primavera de hace cuatro años, va aquí una carta que me envió hace muchos años (ella les decía palomares) cuando se hizo susurradora de poesía.

Anduve de viajes, Neuquén, Tierra del Fuego, Laprida, de ferias de libros…
…En fín, como siempre, la vida. A veces una de cal y otra de arena, a veces dos o tres de cal que enharinan o cinco de arena que te sepultan.La vida
Pero quiero compartir con vos el hallazgo de mi varita mágica.
Leí que un grupo de artistas franceses, dispuestos a desacelerar la locura del mundo decidieron salir a susurrar poemas al oído de la gente. La idea me pareció bellísima. Adherí a ella y me hice un susurrador.
Un tubo de los de tela que se tiran en las sederías; más o menos de 1,40m. de largo. Lo pinté con aerosol negro mate y me fui a probar a la inauguración de una muestra muy concurrida en el MAC. Sin comentarios, vestida de negro, susurrador en mano, fui susurrándoles pequeños textos poéticos a unas 60 personas. Verles las caras a medida que el texto pasaba desde mi boca hasta el oído de las buenas gentes me fascinaba y me impulsaba a seguir.
En la semana siguiente recibí 12 palomares de gente que agradecía el susurro.

De ahí en más no he parado de susurrar, Diana de mi corazón. En mis talleres de Laprida todos los participantes-cerca de 30- se fabricaron su susurrador y en la muestra final les susurramos al público. Ya andan por todo el país. Y así en Tierra del Fuego y en todo sitio por donde ando coordinado talleres o contando cuentos la idea del susurrador se multiplica.

Tengo anécdotas maravillosas. Ésta es una de las más conmovedoras: Regresando de Buenos Aires a Bahía iba hacia la terminal de ómnibus en un taxi donde el conductor, un hombre mayor, se quejaba de tener que seguir trabajando hasta la madrugada. Hacía muchas horas que no veía a su mujer, me decía.

Imaginá la escena. Iba yo sentada con mi bolso y mi susurrador en el asiento de atrás y sin pensarlo dos veces alcé el tubo y le dije que le iba a regalar una coplita para que se la dijera a su mujer cuando llegara a su casa. Y ahí nomás le susuré:

Pan es pan
queso es queso
no hay amor

si no hay un beso

Al viejo, que al principio el tubo le habrá parecido una especie de cañón, le cambió la cara y lo emocionante es que cuando llegamos al semáforo sacó una libretita y me pidió que le repitiera la copla y se la anotó. Para decírsela a mi mujer, dijo.
¿No es una maravilla?

Geisha argenta

albertoolmedo

 

Si supieras lo contenta que me pone

llevarte un desayuno a la cama

encontrar una dirección en Google Maps

ver con qué colectivos podés ir a laburar

contratar un remise que te traiga de bailar

mostrarte un lugar que no sabías que existía.

 

Si supieras lo que espero que me llames

lo que espero que me digas ayudame

vení, quiero esto, quiero aquello, llamá a tal.

 

Si supieras que fui dúple, que siempre fui doble,

(como dupla, como cupla, acople, acopla)

que puedo perder mi vida por la tuya,

puedo sostenerte aún con vértigo, de tu mano,

para que no caigas de un piso como Olmedo,

de una terraza de barrio, de un acantilado en el Mediterráneo.

 

La vigilia por vos me fortalece,

me olvido mis miedos,

me olvido de que soy alguien mortal.

 

Pienso que no hay nadie que no logre

ser feliz si me deja servirlo.

No soy sierva, no. No te confundas.

¿Mendiga? Quizá, de amor, de mirada,

de sonrisa.

 

Es tan fácil herirme, si supieras,

y tan fácil dejarme hacer, que

no entiendo cómo vivimos separados

condenados

a luchar cada uno por su pedacito de gloria en este mundo

cuando podríamos ser dos

amparados como los pichones,

al amparo de los obuses de la guerra que desconocemos

pero que ya se instaló sobre nosotros.

 

Que se rían de mí, que hablen, que me orinen encima

qué me importa.

 

Si supieras.

 

Ella

Sarah Kane.jpg
Sarah Kane

 

Y esta vez volvió ya casi sobre finales del invierno,

casi cuando podía augurar que se había ido para siempre.

Ni bien llegó supe reconocerla, cómo no, tantos años llevándola en la panza,

a veces más abajo,

a veces más arriba,

pero siempre retorciéndome las tripas.

¿Falta de fe, cansancio, nadie que me abrace cucharita?

¿Quién me podrá decir qué fue lo que pasó esta vez?

Estaba todo como para saltar hacia el cielo, saludar a los globos y llevarse las estrellas puestas, ver los puentes de Monza con sus amantes besándose, y hasta con suerte y como puntitos allá abajo, a los pequeños eagles cruzando las rutas en los bosques en Nuremberg.

Pero no, llegó, se ve, mientras todos dormíamos; y, como me conoce, se vino a mi cama. Sigilosa y guacha, se fue metiendo de a poco en la hora que se baja la guardia, según Sarah Kane, la hora de la psicosis, las cuatro cuarenta y ocho de la madrugada.

Cuando el reloj marcó la hora de levantarse, el dolor estaba ahí, plantado como el de una menstruación atrasada. Miré al cielo, gris; busqué al viento, y me levanté tan lenta como hacía tiempo.

Ella, la tristeza, ese estado que los homeópatas definen como Mustard, había ganado otra vez la batalla.

 

Hay mango

902_1514Hay mango, naranjas, bananas medio pasadas

y hay lentejas y avena y alguna que otra especia de las que pican

o de las que no se sabe qué son en tantos frasquitos iguales.

Hay limones, harina, mandarinas

mantel de plástico -lindo- pero de plástico

y papeles de qué sé yo qué dando vueltas.

Hay silencio pero también ruido de coches que pasan,

el tic tac de reloj que adelanta un poco,

y zumbido de heladera.

Y adentro hay algo oscuro, tal vez miedo, tal vez hambre,

tal vez, no sé, años que pesan.

Recién leía sobre héroes y cobardes,

recién me reía de algunos chistes de facebook,

recién trataba de olvidarme de todo y planificar el mañana.

Y no pude. Me hice un mate, miré al cielo,

mandé whasapps y volví, como siempre,

a lo único que me calma.

Recordar que no soy la única

y escribirlo.

Mirá que soy tonta

A María Fernanda.

 

Mirá que soy tonta, ¿eh? mirá que esperar lo que…

como hoy ¡con el 21 en la Panamericana!

gracias que estabas ahí, al lado mío,

chupando frío y con los pies helados como yo, y la risa

ay, Dios, qué risa que nos daba el frío, y tus pies chuecos,

y mi memoria,

y tu calidez.

Por eso te digo, mirá que soy tonta, o que fui tonta…

yo esperando tanto

tantas veces, tan sola, con el calor del sol del mediodía,

con la lluvia de la mitad de la tarde,

con el frío en el medio de la noche,

sola

y vos ahí,

a una cuadra nomás,

a unas casas nomás,

un tramo en el 21-Malaver- el puente por abajo-una maldita fecha en la calle de un poeta

y ahí estabas.

Y ahí tu risa,

tu comprensión y tus preguntas, tus hijos y tus gatos,

tu perra enorme y gorda como mi abuela y tus bombas de crema,

tu imagen paterna, tus preguntas, tus ojitos preciosos preguntando…

Mirá que soy tonta. Justo ahora, justo ahora que me voy a ir,

aparecés en una verdulería y decís ¡Diana!

y yo qué sé quién es Diana, hay tantas Dianas en el mundo…

pero esa, esa a la que vos nombraste era yo,

y con el verdulero mirando, nuestro abrazo, y mi llanto incontrolado,

el silencio del tipo, quizá por tu magia o tu sinceridad o tu polenta, o no sé,

quizá todos eso junto;

y tus canas

tu tanto parir y vivir, no sé, pero

me acomodaste los huesos.

Ya no estaban tan perdidos.

Y después de hoy, ya te digo, 21 x Panamericana, Malaver,

puente por abajo, poeta y fecha maldita:

ya no estoy tan perdida.

Ya sé que no estoy tan equivocada, que…ay Dios ¡mirá que soy tonta!

En vez de pensar el volarme los sesos

ya me puedo quedar sentada en la cocina, sin hacer nada, y

pensar que eso también está bien, que esa es mi vida.

Es mi vida hoy, aburrida, cambiante, floja, agazapada.

Así, esperar sentada, a que los pajaritos que tengo por ahí volando en mi cabeza

armen su nido, otra vez, dónde mierda que sea, pero otra vez,

de otra manera, pero otra vez;

esperar a que el pulso no me tiemble, o sí, pero para escribirte te quiero.

Te quiero y gracias.

Eso, sentarme en la cocina, con la luz apagada, pensando en vos,

y en te quiero y en gracias y en que, como dije en el video,

los lugares los hace la gente.

Y que ojalá toda la gente sea como vos.

Aquí y allá adonde me voy. Aquí y allá.

Pero si no, no importa, el nido ya empezó.

 

Fealidad

Realidad pazguata
fealdad de búfalo chino
tropezón no
caída
lágrimas funámbulas
negritud y villorio
peatonal estafada
mar del playa vacía
perros policías

yeso manchado en sangre
fractura expuesta
otitis media

colonia de gusanos
sequía pueblerina
turistas impuntuales

perros malheridos
hijos desatendidos

limón en la heladera
Gancia en los vasos
publicidad erótica
un faso otro faso
otro faso
más escupitajos

otro pañal
otra bronca
otro rezo
otro Skipe rebotado
otro día sin masticar
un carajo
otro día a pastilla
atraganto
a disculpas
de culpa

maquinar asesinato
pedir clemencia
pergeñar suicidio
pedir eutanasia
sin remedio
así así
así
como el collar de perlas de la madre sobre el piyama

¿Para qué vivir así
si cuando hay disfraz nadie entiende el chiste?

 

 

 

Química

Pensó que podría

sin ella

hizo al lado augurios de plomo

tan oscuros como los de las malas leches

de las malas sangres

de las malas gentes.

 

Pensó que podría

gritarle al mundo la buena nueva

pero el llanto pudo más

el puntazo

clavado

fino en la garganta

el temor a la locura

el invierno

el plato de arroz

los noticieros

la vida vista a través de su balcón a la avenida

pensó

creyó

pero no

otra vez más

se tragó la química .

La noche de San Valentín me enamoré de Henri Henri

La vida tiene tantos recovecos que muchas veces me hacen perder. Es como un gran laberinto que le da soga a mi curiosidad de geminiana. Voy por acá, no, voy por este otro lado mejor; mmm…me parece que éste es el verdadero.

Así pasé ( y seguiré pasando) gran parte de mi existencia. Probando. O como una vez me dijo mi hermana, buscando eternamente .

Y sí, el que busca encuentra, podría afirmar en un día optimista como el de hoy. O hay que alejarse para poder volver, sería una afirmación de tono más bíblico. O, todos los caminos conducen a Roma, podría afirmar si me concentro en mi formación grecolatina o incluso, si le hago caso a mis ancestros. Pero no siempre estoy así de convencida de que buscar es la única solución antes de darse por vencido, o de entregarse al final. Aunque sepa que es lo mejor, no cedo.

Ayer a la noche, cansada de ennoblecer y reparar una casa que creí por un momento -de esto ya hace muchos años- que sería mía pero que, en los papeles, que al final parecen ser* los únicos que valen en este mundo, comparto con muchos más; decidí ceder al cansancio, hacerle caso a mi cuerpo magullado y emponzoñado en dos de mis articulaciones preferidas- muñeca y rodilla- por dos lindas ronchas inflamadas alrededor de cinco centímetros ; y quedarme “at my home”, como dicen los ingleses; “chez moi”, los franceses; o “zu hause”, los alemanes. Aclaro que no es para dármela de culta ni políglota, sino para traducir la sensación de lo que para mí es quedarme en mi hogar, que no es mi casa en los papeles.

Al principio me sentí culpable de esa elección, ayer me había invitado a su recital una de mis mejores amigas, Analía Nocito y su banda. Le había prometido ir y es más, estaba segura de que iba a ir. También, si hubiera querido traicionar a Analía, estaba en la ciudad Jaime Torres, y era una noche para escucharlo en un parque como el de Villa Victoria, como se anunciaba. Así que culpable podía sentirme por dónde quisiera, pero mi amor por el cine, y el cine francés más particularmente, y por Mi festival de cine francés mucho más específicamente, me quitó la culpa.

Elegí una película que tenía ganas de ver desde que comenzó el festival: Henri Henri. Vanía precedida de unos comentarios como el de Voir.ca : “La opera prima de Martin Talbot con su fantasía y buen humor es un inusual fragmento de optimismo”, el de Canoe : “Forrest Gump se encuentra con Amélie Poulain” y el de la Prensa, el que más me tentaba:”Los habrá que salgan de ver Henri Henri con el corazón alegre y la mente llena de esos deliciosos planos-secuencia de una pátina que recuerda la de las películas de Wes Anderson, Tim Burton y demás creadores de la gran pantalla”. Yo no quería salir, sino quedarme, pero con el mismo corazón contento.

La descripción según el festival me hacía recordar a una de las películas más conmovedoras que vi en mi vida, la noruega Elling de Peter Naess, que también me dejó el corazón alegre por mucho tiempo:

Huérfano olvidado por todos, tímido y retraído, Henri conserva las lámparas y luminarias del convento donde vive desde su más tierna infancia. Obligado un día a salir de los muros protectores de la institución, el joven entra de pronto en un universo extraño para él. Impulsado por una inocencia cándida, intentará sacar de la oscuridad a las personas que, igual que él, están aisladas. Sobre todo intentará reavivar la llama en el corazón de Hélène, la bella cajera que vive en un mundo oscuro y sin luz, de la que está secretamente enamorado.

Así fue que vi a Henri Henri y quedé tan contenta y enamorada de él, de su simpleza y su vida sin tanto estrago intelectual, sin tanta especulación existencial, sin “boludeo” artístico; que me dormí después como una bendita; sin tomar ninguna pastilla para olvidarme del mundo porque lo quería recordar, quería pensar como cuando era chica, en la cama y a a la hora en que nadie molesta, en mi Henri. Quería aprender de él y  de tantos a los que representa: “Los patitos feos” los llama Boris Cyrulnik. Atentos a los “divinos detalles” a los que siempre recomendaba prestar atención Navokov.

Entonces, como me diría el mismísimo Henri de quien me enamoré perdidamente anoche y entrando en la fecha de San Valentín, me dije, a vivir Dianita, a vivir con más esperanza. Total, no sabés lo que te depara el destino…

Si quieren compartir ( ¡fui gemela! ¿qué le voy a hacer?) mi sensación, suscríbanse al My French Film Festival 6ta Edición -online- antes del 18 de febrero y enamórense perdidamente de Henri Henri.

Henri Henri

* Nótense el cambio que me produjo el amor, que en vez de un contundente ser, adopté el parecen ser.

 

 

rasguñando las piedras


rasguña las piedras

(para aquel que no conozca la canción

pinche en el link)

él canta

grita cantando

canta en un grito

pide vida

noche y rock’n roll

canta una que sabemos todos los de acá

canta una que cantabámos en la infancia

una que nos dolió después o antes

rasguña las piedras

adolescentes un poco

tan sólo un poco

mayores que él

rasguñando las piedras de una celda

¡pero qué libres vamos a crecer!

y así creció

libre

tanto que da pavura

miedo de vieja nacida en dicta-dura como diría Ángela

¿sabrá él que su grito me duele como grito de guerra?

¿sabrá cómo lo escuchábamos cuando éramos chicos?

él es libre

y me dicen que no lo deje tanto

¿cómo se hace?

¿voy en contra de mis recuerdos

cuando los milicos ponían botas sobre las cabezas?

¿cuando se llevaban a los pendejos de los pelos?

cuando estudiábamos Formación Cívica

mientras ellos no sabían lo que significaba el sentido de la ética?

sólo me responde el silencio

ya ha callado su grito

por eso no me gustan

ni los cables que no comunican

ni los rostros tapados bajo las máscaras del anonimato

me gusta ver

mirar

directo a los ojos

para saber si me están mintiendo

sólo esto les puedo agradecer a los milicos:

haber desarrollado esa percepción tan clara

de saber cuando alguien es oscuro

miente

no da la cara

trabaja en las sombras.

¿O será su vergüenza?

Todas las pinturas que acompañan esta entrada, si se fijan bien, están hechas cuando terminó la última dictadura en este país. Yo me hice abstracta. Después supe que los abstractos eran como los herméticos, los primitivos, los originarios, tenían un mundo interno que reflejaba su miedo. Sus batallas. Y así pintaban. Para sacarse el miedo. O para mostrar su orden interior. Su adentro, era más armónico que el afuera, y viendo estas pinturas con la perspectiva que dan los casi veintiocho que han pasado desde que las pinté, me impresiona ver mi mundo, tan lleno de trazos como gritos. Tanta batalla dentro mío. Nunca más pude pintar el entorno. Y cuando murió mi padre y me abandonó el amor, dejé de pintar. NUNCA MÁS .Así decíamos en el 83. Lo sostengo todavía.

A Angelita Urondo y sus hermanos. A su padre Paco Urondo y a su madre Alicia Raboy, que rasguñan las piedras todavía para que nuestros hijos vivan en libertad.