Vacaciones rojas

IMG_3026

Así le podría llamar a mis pasados días en la casa de un amigo. Sobre todo después de haberme prestado el libro de Pamuk: Yo soy Rojo.  Todo, desde entonces, se tiñó de esa sabiduría oriental, mezcla de aceptar la decrepitud humana, el deseo erótico, (no en un sentido solamente sexual sino en el de querer vivir), nuestra bajeza moral y la tendencia a la violencia.

Ya sé que muchos leerán esto y dirán, ¡pero si no tendemos a la violencia como sociedad! Después de leer Yo soy Rojo, entendí que no se puede luchar contra lo innato. Por más sutil que sea esa violencia, me refiero no sólo a la física, la más visible, sino a la que milímetro a milímetro es adoptada diariamente por los gobiernos, los representantes del poder o la fama de turno, los poderosos, los que aún siendo buenas personas creen que por tener más dinero que otras eso los vuelve importantes, mejores, dueños del mundo chiquito, estúpidamente chiquito, que los rodea.

403c6a99-9c7b-4f65-aca6-676cc48005fe

Leer Yo soy Rojo me recordó a mi primera incursión en el análisis de la estupidez ( o estulticia) humana, cuando leí a Erasmo, tendría dieciséis años. Hace casi cincuenta ya. Y todo sigue igual de abominable en la humanidad. No estoy, aviso, para nada deprimida, solo que puedo ver algunas cosas que otros se niegan a ver.

Dicen que cuando uno acepta la enfermedad, se vuelve todo mucho más fácil. Es algo así lo que me pasó con la lectura de ese libro. Después de leerlo, tomo distancia de todo, ya no me encabrono por cosas que no están a mi alcance cambiarlas. Las observo como un combo que vino con nuestro estar en este mundo. Que después los norteamericanos se encargaron de dibujarla para hacernos creer otra cosa, oh yeah, pero desde milenarias civilizaciones nos advierten que todo es tan común, que más allá de unos cuantos teléfonos móviles o armas más letales, el ser humano en sí, en su esencia, no ha cambiado mucho.

Por eso, cuando digo vacaciones rojas, todos piensan en sangre, y yo no, pienso en Pamuk y su libro. Por eso cuando se lee “Vacaciones rojas” como título, se piensa en algo así como la visión de Popeye en la película de Robert Altman (1980) que ve todo rojo por la ira; o tal vez se piense con una tendencia macartista en Moscú. No. Nada de eso.

La cosa va por otro lado.

.IMG_2954

Quizá vaya por el rojo de los cielos o dela luna que vi, que como la sangre humana que corre por todas nuestras venas, aún hay quien cree que tiene sangre azul.

IMG_E2980

Anuncios

La cólera de un particular. (Reflexión sobre el último libro de Marcelo Figueras.)

“Cuando un hombre cualquiera, pero valeroso, se ve obligado a montar en cólera, nunca se derrama mucha sangre. Pero el día que eso ocurre, toda China se viste de luto”

                                                             de Negro Corazón del Crimen, Marcelo Figueras.

RJW

 

Ayer terminé de leer el último libro de Marcelo Figueras. Ese racconto que hace sobre la vida de Rodolfo Walsh, del hombre, del periodista Erre. Del escritor RJW que escribe policiales y muestra su talento a una Argentina recién inaugurada (¿Qué es si no, ese país, ese grupo de gente que se proclama como dueña de unas tierras por 200, 300 años, contra siglos de otros pueblos que fueron invisibilizados y puestos al servicio de los nuevos propietarios? Este libro también habla de eso sin ni siquiera mencionarlo.)

Habla de la legitimación y el prestigio de un escritor que, coronado con la gloria más preciada que podría tener en sus tiempos -ser premiado por Borges y Bioy Casares- elige el camino de no mentirse. Elige encontrar y escribir con su voz aunque vaya en absoluta contra de su conveniencia. Decirle no a lo fácil. Esconderse para escribir por ser perseguido como uno de sus antiguos personajes y ser ninguneado por los que antes lo aplaudían.

Es fácil caer en escribir sobre lo heroico de su accionar. No es fácil dejar de conmoverse a cada rato con ese cambio que se va a ir produciendo en el escritor-periodista-hombre, después de escuchar el llanto de un conscripto a punto de morir -¡No me dejen solo, hijos de puta!- y llegar así después de un largo camino a ser el hombre-periodista-escritor por lo que se lo conoce todavía, después de cuarenta y pico de años de su asesinato a manos de la dictadura militar.

Así pues que este tiempo plagado de dolor, por lo menos para mí, por la brutal represión vivida contra la gente que se oponía a una ley que le parece injusta, inentendible, el 14 de diciembre de 2017 en la Argentina; me hace repensar la importancia de libros como éste.

Ayer cuando leía en Twitter, tanto odio contra una abuela que busca nietos hijos de desaparecidos en la dictadura que ERRE ayudó a denunciar antes de morir, en su carta a las Juntas, me preguntaba en qué país vivo, ¿no? ¿En qué mundo vivo? Porque esto no sucede solo acá. Hay un recrudecimiento del sálvese quién pueda en todo el mundo. Hay quienes todavía ingenuamente favorecen, iluminan, agradecen o se congracian con los mentirosos, porque eso les da rédito, eso le da un rédito, eso los mantiene enchufados a un sistema de protección.

Esos que no son capaces de preguntarse como Walsh, como Figueras cuenta que Walsh se pregunta ¿Para qué escribo?¿No es más fácil el otro camino, hacerme el boludo, seguir lo que hace doscientos, trescientos años, vinieron a sostener unos, vinieron a negar otros? ¿ Mezclarme en la turba inmunda de escritores que se siguen alegrando por ser parte de un sistema que saben bien, los está usando?

Ayer, cuando estaba cavilando sobre esto y la lluvia torrencial me hacía pensar en la cantidad de gente en situación de calle, en los techos de chapa volados, en las criaturas que morirían por esa tormenta en Buenos Aires, me llegó un wattsapp de una compañera de los tiempos de Bellas Artes, a la que volví a encontrar después de años: “Sacarle los subsidios a todos los extranjeros. Si estás de acuerdo con esto compartí”. Le contesté que yo también era extranjera, creyendo que era una broma, creí que también ella se consideraría una invasora de estas tierras que hace 500 años eran de otros. ¿Y qué son 500 años en la historia de un país, no?

Pero no, era verdad. De verdad me estaba pidiendo que la ayudara a difundir esa infamia. De verdad y todavía, le dicen a Estela de Carloto, vieja degenerada. De verdad reprimen a la gente que piensa distinto en las calles. De verdad esta pesadilla. De verdad.

De verdad tantas cosas que me pregunto como Erre, ¿está bien seguir escribiendo lo que escribo o me hago la boluda? Pero me contesto parodiando su voz o la de Figueras: si no ¿cómo hago para justificar la traición cuando me enfrento al espejo: miedo, codicia, ambiciones rastreras?

Le agradezco a Marcelo el haber escrito este libro, porque si bien todos los que siguen mis blogs hace años, saben que soy una absurda fanática de él (y con absurda quiero decir que no puedo hacer ningún tipo de crítica racional de lo que escribe, porque su obra, para mí, va más allá de algo literario; siempre se adelantó a lo que vivo día a día como algo mágico, algo que me pasa con muy pocos autores) le agradezco el haber escrito un libro que nos interpela en esta Argentina de hoy, trayendo al presente la historia de un escritor que eligió no mentir, no mentirse, no ser egoísta ni ególatra, ni con su obra ni con su vida.

Un cualquiera que se vio obligado a montar en cólera e hizo que con su muerte la historia de un país siga de luto.

 

 

 

 

Yo no pienso, escribo

cohen-700x300
Marcelo Cohen como aparece en la Boca de Sapo

“Mi pensamiento funciona a ráfagas. Acá tengo un montón de notas que tomé mientras escribía la novela, que leídas ahora me parecen re-sesudas e interesantes, que me ordenan muchísimo… y sin embargo hoy sería incapaz de escribirlas; me olvidé de lo que sabía en ese momento. Si pudiera hacerlo sería perfecto (como otra gente que conozco que tiene un pensamiento de una claridad y transparencia admirable… La concentración es un atributo de la inteligencia). Yo creo que escribo para poder pensar, para poner claridad a mi pensamiento. Por supuesto que escribo además porque es totalmente gratuito y porque me gustaría lograr un objeto que antes de que yo empezara a modelarlo no hubiera estado en el mundo, una cosa de la que no se tuviera noticia previa”.

De una entrevista a Marcelo Cohen en la Revista Boca de Sapo.

Hoy tengo uno de esos días que avanzan como los antiguos motores, o mejor dicho, como los motores de los antiguos coches. Explosiones pavorosas seguidas por silencios miserables.

Las explosiones me entusiasman, me recuerdan que la vida existe más allá de mi deseo, más allá de mi propósito.

En los silencios, en cambio, tengo que hacer fuerza para no escuchar los bocinazos de los estúpidos conductores que desean llegar a tiempo a algún lado sin quizá necesitarlo, hacer oídos sordos a los helicópteros que seguramente persiguen a algún fugado; o debo forzarme a  hacerme un mate y pensar que ahí radica el misterio de la vida.

En esperar al lado de la pava, para apagar el agua antes de que hierva pero cuidando de que no esté todavía fría. El misterio de la vida en estos días de explosiones y silencios consiste en ser centinela de una pava, del agua en una pava, de un mate al que quizá le dé dos chupadas y lo abandone al rato, entusiasmada por alguna otra explosión que me depare el devenir.

Entre esas  dos o tres explosiones de felicidad que hubo hoy en mi vida, está la nota a Marcelo Cohen que publicó en sus Reseñas la Revista Boca de Sapo.

Un lujazo que recomiendo sin contraindicaciones.

Como casi todo lo de ellos, pero hoy, tan sólo por hoy, un poquito más; porque parafraseando a Onetti o a Celine según dice Marcos Herrera en la entrevista: hoy “quiero que me dejen en paz”.

 

download