Viento de lluvia

 

La casa se llena de viento

y el ruido de los que venden y compran me deja en paz.

Cuanto más clonazepam tomo

menos oigo a los humanos

más quiero a los perros

a los gatos y a los pájaros que confundidos como yo

en vez de dormir

pían.

Pían buscando a sus hijitos que ya no están,

pían para alejarse del gato hambriento que se los quiere comer;

buscan,

como yo, que alguien los escuche y salve su nido.

Para cuando se den cuenta de que nadie los salvará,

de que nadie escuchará su canto,

va a ser tarde.

Todos moriremos condenados bajo el viento que anuncia la lluvia.

Y será liberador,

tanto como librarse del calor que arde en el cemento

tanto como volar lejos del cemento que crece cada vez más y

que nos aleja de esta ciudad de solitarios con miedo al que ofrece

creyendo que le robará lo poco que tiene.

¿Qué nos queda?

Seguir durmiendo acunados por el viento

los ladridos y el canto de los pájaros

que no entienden la maldad de los que compran y venden.

Seguir durmiendo desamparados de ayuda.

Seguir durmiendo anestesiados con estos químicos que nos prepararon

los que saben que tragándonos una pastilla más

dejaremos, muy pronto, de cantar.

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