La langosta

marchacontralosgenocidas

Soñé con una langosta.

Se retorcía y defendía con sus pinzas del que la quería atacar

¡pobrecita ella!

¿Cómo podía adivinar, antes de aparecerse en su camino,

que el humano es tan malvado?

¿Qué sabía -como no saben los niños, ni los idiotas-

que hay perdones para los culpables,

aunque se ensañen con las langostas, con la humanidad,

aunque torturen,

aunque el mundo los haya sentenciado?

Duele saber que en mi país los genocidas saldrán pronto en libertad.

Creíamos (porque éramos muchos, no solo la ilusión de mi vana cabecita)

creíamos que eso ya era cosa del pasado.

Pero como la langosta, seguimos siendo torturados,

esta vez no con picanas, no con “submarinos”,

sino revolviendo en nuestra memoria y avalando

el lobo hombre para el hombre.

 

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