El cielo protector

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Foto: Un théŽ au Sahara. The sheltering sky, 1990 por Bernardo Bertolucci.  Colección Christophel.

No sé bien cómo fue que dejé pasar tanto tiempo antes de leer este libro. Lo compré en una de esas ferias de verano que venden varios por equis pesos, todos saldos de grandes editoriales que tienen una falla o algo así. Recuerdo haber comprado tal cantidad que no me los pude traer en la maleta y los dejé llenándose de polvo en la biblioteca de la casa de la costa. Supongo que fue por eso que tardé dos años entre que lo compré y lo leí.

Pero sostengo que los libros nos eligen. Acostumbro a devorar lo que compro o me regalan me guste o no me guste. En algunos casos como este, cuando tengo muchos para elegir, decido siempre por algo que me “toca”, que me llama desde el libro. Ya sea en la tapa, alguna ilustración que me lleva a un mundo donde quiero entrar; o en la contratapa, alguna definición o palabra que hace eco en mi memoria y digo, éste. Hoy, o estos días, me acompaña éste.

El libro de Bowles dice en su contraportada:

Novela de peregrinación, viaje o huida, El cielo protector (1949) consigue hacernos partícipes  de la embriaguez de  un espacio  físico -el norte de África, el Sahara- por el que deambulan sus protagonistas…unos personajes que huyen de todo o, quizá, sólo de sí mismos.

En el tiempo que lo compré  y leí que era una travesía por el Sahara, me recordó a mi estadía frente al desierto durante cuatro años en la isla de Lanzarote, 100 km frente a ese enorme mito, pasándole por arriba cada tanto…  y no quería embarcarme entonces en el peregrinar bajo la “kalima” o viento que llegaba a la isla y llenaba todo de una arena finita que ponía de mal humor a muchos y a otros nos gustaba; sobre todo su efecto sobre el mar, sobre todo al atardecer, cuando todo se volvía dorado. Tampoco quería recordar cuando vi la primer caravana de camellos como la de la foto, en un día de viento y lluvia finita, andando entre sus volcanes, a poco de llegar, yendo a buscar trabajo.

Pero reflexionando sobre los por qué dejé pasar tanto tiempo, también se me vino a la mente otra cuestión: podría ser que en ese momento yo estaba en plena huida de mí misma y no quería reconocerlo, para nada, no lo aceptaba de ninguna manera y leer ese libro en aquel momento me hubiera confrontado con algo que no quería. En cambio, este verano, ni bien leí la misma definición de sus personajes, dije éste es mi libro, ya, necesito leerlo. No lo sé. Son todos razonamientos que hago ahora volviendo a la pregunta del principio.¿ Cómo pudo haber pasado que no haya leído este libro antes? Me hubiera evitado noches y días de una soledad tremenda, en la que creía que nadie me podría entender si contaba qué era lo que me sucedía por dentro.

Esa es para mí la elección de los libros. En realidad creemos que los elegimos, pero ellos nos “entran” cuando deciden, a su debido tiempo. Y El cielo protector, me llegó, me llamó para leerlo hace unos días, y me advirtió ya desde la primera página, que En el centro de su conciencia había la certidumbre de una tristeza infinita, pero esa tristeza lo (me) reconfortaba porque era lo único que le (me) resultaba familiar.

Y me dio un mazazo en la nuca con toda su furia o su lentitud desértica. Me dejó soñando con sus personajes y sus agobios; como por ejemplo los de Kit, cuando dice : lo único que podía esperar era comer, dormir y ceder a los presagios; o los de Port: el alma es la parte más cansada del cuerpo.

Ni que hablar cuando hace mención de la diferencia entre turista y viajero con tanta claridad. Yo siempre me definí como viajera y jamás como turista, pero nunca supe bien por qué lo hacía. En el libro, está explicado de una manera sencilla y sin embargo perfecta: La diferencia reside, en parte, en el tiempo, dice. Porque mientras el turista se apresura por lo general a llegar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra… otra importante diferencia es que el primero acepta su propia civilización sin cuestionarla; no así el viajero, que la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan…

Podría hablar horas de lo que significó este libro para mí, citar y citar párrafos, contar de cuando me sentía inmersa en el personaje de Kit y sus presagios, o el de Port con su carga de soledad a cuestas. Pero ya no sería un post, sería un ensayo o algo así.

Lo único que quería decir, es que dejando de lado modas o imposiciones de editoriales, el que pueda y -como yo- todavía no lo haya leído, o tan solo haya visto la película del gran Bertolucci (protagonizada magistralmente por John Malcovich) que lo lea en cuanto pueda. Es de esas joyas de la literatura que nunca está demás recomendar.

La cursiva corresponde al libro

editado por Alfaguara México, colección Fin de Siglo, año 1990.

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5 comentarios sobre “El cielo protector

  1. Siempre Diana, siempre nos abrís el corazón cuando escribís, aunque sea un”mirá, léete esto”. Y ya me dan ganas de ir a Lanzarote, leer el libro y sacudirme la fina atenta dorada del decreto.gracias!

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