El infinito o Dios, el que me conoce.

 

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El hombre que conocía el Infinito.

Las matemáticas y Dios me han atraído desde siempre. En ambas cosas, si es que se les puede llamar así y, aunque por períodos me haya acercado o alejado, he creído.

Desde hace un tiempo, mi creencia en que Dios existe  -y no uno punitivo ni vengador-sino creador de lo que no podemos modificar, y no podemos modificar porque sencillamente no conocemos, se ha acrecentado.

Hay gente que probablemente me quiera rebatir lo que escribí o me quiera demostrar lo contrario y solo puedo decir, no sé, solo creo. Como creo en el álgebra y en el número infinito que aunque  este último se puede graficar con un símbolo, como la palabra Dios, nadie hasta ahora pudo abarcarlo o decir, sí yo lo he visto.

Dicen los que vivieron mucho que más viejos nos ponemos, más sabios nos volvemos. Eso sería una de las respuestas más tontas que puedo dar como excusa. Dicen que los que sufren mucho, tanto que no pueden tolerar ese sufrimiento, se vuelven creyentes de la noche a la mañana. Otra excusa más. Pero la explicación, la verdadera explicación para mi creencia, es mi intuición. Y sobre ella, tampoco  tengo nada para decir, salvo que me ha salvado de muchas situaciones engorrosas.

Tampoco tengo explicación sobre los dones que se nos otorgan sin nosotros pedirlos. Aunque en los tiempos en que vivimos se diga que los dones, las habilidades, los talentos, en fin; la capacidad para hacer algo bien, se determina por nuestro esfuerzo (la tan mentada) “meritocracia”, yo no creo en eso. He conocido muchos talentos que fueron denostados y hasta murieron en la miseria, sin jamás ser reconocidos. Otros, que fueron reconocidos cuando les llegó su hora, o también después de muertos.

Quiero decir que no somos dueños ni artífices más de lo que podemos hacer cada día por cultivar eso que llevamos dentro y que no sabemos desde qué tiempo está allí. Oponernos a ese talento, a esa capacidad, es inútil; como es inútil intentar opacarla, como es inútil también, querer hacer alarde de ella.

Pero todo esto lo vi reflejado anteanoche en una película que vi, que trata de la relación entre estos dos “opuestos” – para los más duros- , la ciencia matemática y la relación con Dios. La película es desvergonzadamente conservadora y sentimental pero cuenta una historia tan buena que es difícil de resistirse. Así dice de ella, Allan Hunter, y yo suscribo lo que él dice. Si la historia no fuese real, la película sería para olvidar. Pero como está basada sobre hechos reales, es más sobre personajes reales, para mí cobró un sentido como pocas.

La historia del matemático indio Srinivasa Ramanujan y su relación con el británico y ateo Hardy, interpretado por Jeremy Irons (siempre un placer el verlo) , es la que toma El hombre que conoció el infinito. Los diálogos entre ellos dos, son creo yo, lo que mejor le sirve a la película para ser tomada en cuenta. Lo demás, no es lo importante.
Como toda cuestión de fe, de creencia, no puedo más que seguir dudando y preguntándome acerca de eso, para llegar algún día a la conclusión de que no hay más preguntas que me pueda hacer. Así que invito al que lee esto que vea si puede la película, escarbe en us diálogos y después, si quiere, me tilde de ingenua.
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2 comentarios sobre “El infinito o Dios, el que me conoce.

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