Coraje para ser estúpida

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Foto: Robert Doisneau

Deposito toda mi confianza en la intuición, que contribuye mucho más que el pensamiento racional. Es una recomendable aproximación, porque se necesita coraje para ser estúpido: es muy raro en estos días, cuando hay tanta gente inteligente que ha dejado de mirar porque se ha vuelto demasiado culta…Poesía y fotografía están muy cerca: ambas tocan la cosa exacta, el lado inconsciente de esa cosa.
El que crea que fui yo la que escribí lo que acabo de citar, está absolutamente equivocado pero completamente cierto. Robert Doisneau, el gran fotógrafo francés, el del beso de la pareja al terminar la guerra, es el autor de esta proclama; y  yo, una de sus abajo firmantes, digamos.

Vivir con el asombro del poeta o el fotógrafo que salen a la vida sin piel, sin coraza, tan solo a ver, a escudriñar con su intuición desde la mota de polvo que viaja distancias siderales -tocando puntos del planeta a los que jamás nosotros llegaríamos si no fuese por nuestros sueños- hasta el pobre hombre de chaqueta mugrienta, vientre prominente y bastón, que se nos acerca en la calle para decirnos algo que ningún adonis de hoy, de esos que van con sus oídos tapados -como diría la Urondo: odios tapados o como agregaría yo Oh-dios! tapados- pensando solo en sí mismos, sin ver, sin querer ver, borrada la intuición, estrangulada la percepción, metidos en su propio abismo de soledad productiva; esos adonis que andan de acá para allá pero que el camino (el medio entre el acá y el allá, lo más jugoso del viaje) se lo saltean sin prestar atención, hasta que un día se encuentran con alguien que les hace muecas, se quitan los auriculares y descubren que alguien les pide la hora, pide permiso, o su documento, su boleto de viaje, algún signo de que están vivos, de que están en esta tierra, caminando junto a sus pares, sentados al lado de una vieja que soportó los campos de concentración y que vio morir a toda su familia; al lado de un boliviano que alguna vez fue dueño de casi toda la plata del mundo y que no la tomó para sí mismo, sino que se dejó estaquear, violar , arrasar y hoy trabaja en una empresa textil de algún empresario que lo esclaviza; sentados al lado de una chica de ojos azules, esperanzada en que su diminuto cuerpo le deje realizar ese paso de dos o de dios y ser consagrada como una gran bailarina.
Todo eso, los adonis, los cuerpos sublimes de la juventud -bellos porque todavía no les llegó la hora de la decrepitud, creídos en su belleza o completamente inconscientes de su escasa duración- andan por la vida, entre un acá y un allá, entre una cama y una universidad, entre una universidad y un trabajo, entre un trabajo y un bar, entre un bar y una cama, sin saber nada de esa calle donde viven cientos, donde miles de historias se cuentan y se escuchan tan sólo si uno tiene el coraje para ser estúpido y decide usar su intuición, su mirada, su atención a lo que pasa a cada instante.

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Foto: Robert Doisneau

No sé por qué hoy me dio por este lado, será que ayer un pobre hombre de vientre abultado, chaqueta sucia y bastón; se me acercó sin conocerme, me sonrió y me recitó una poesía de algún poeta olvidado, que hablaba de una niña quien con sus ojos verdes, iluminaba el mundo.

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4 comentarios sobre “Coraje para ser estúpida

  1. Enhorabuena, extraordinaria reflexión también válida para los que caminamos con los oídos y los ojos bien destapados. Suscribo totalmente la apreciación sobre la fotografía y la poesía.
    Un sincero saludo.

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