Madre hay una sola

Cuando lo veo tirado así, me da miedo. El futuro, digo, el futuro que le espera, ¿cuál es? Todas las madres deben decir lo mismo, pero el tema de que todos son iguales a mí no me va. Porque cuando yo me vaya, no va a haber nadie que le diga, y bue, así somos todos. ¿Yo me equivoqué en algo?, es lo que sigue. Y ahí las respuestas van desde el No rotundo que me agarra cuando me acuerdo de la doctora esa que vivía por San Miguel, y que cuando lo veía jugar con los juguetes, en su mundo, me decía, Usted es la que no está bien, no él. Él es normal, juega como todos, llora como todos, es usted señora…; pero otras veces me vienen como pesadillas de recuerdos, es raro, pero son realmente como pesadillas de recuerdos que no sé cómo sacármelas de encima; y me acuerdo de Florent, el marsellés, que me decía que escuchaba voces, y veía números y que cuando lo llevaron a un médico le diagnosticó una enfermedad rara, y le hicieron estudios y los estudios comprobaron que tenía un coeficiente intelectual de 145 y que entonces lo mandó a otro médico y ahí todos se calmaron, porque el nuevo les dijo que así era Einstein, que no se preocuparan, que todo iba a decantar. Con el tiempo. Como el otoño, bah, como las hojas de otoño, a decantar. A caer, digo yo. Y vuelvo a mirarlo.Y pienso otra vez, desde el principio, todo otra vez. Y me da ganas de hacerle una tortita, como cuando era nene y se ponía contento. Y me da ganas de decirle arribaaa, que es un lindo díaaa y tenemos que ir a ver al abuuuu…No sé, eso pienso, pero cuando estoy por levantarle la persiana me doy cuenta de que ya no hay abuelo al que visitar, y cuando estoy agarrando la harina me doy cuenta de que no le gustan las tortas.No me gustan los dulces, má, cuantas veces te lo tengo que decir, y menos de esos dulces que comés vos. Él se refiere a que yo digo que como sano, y que en vez de harina común, siempre uso la integral, y que en vez de azúcar al mate le pongo miel, o azúcar de esa mascabo, que ahora ya no se puede comprar porque está de moda y sale carísima. A eso se refiere. A que siempre fui así, siempre quise darle cosas sanas, para que se críe bien, sanito…fuerte. Crezca fuerte.

Y ahora lo veo tirado, ahí en la cama, a las tres de la tarde de un día precioso, con todo cerrado, y me da miedo. No sé qué habrá comido anoche. No sé dónde estuvo, ni con quién. Prendo el velador y lo veo durmiendo como un ángel.Blanquito como cuando recién nació. Blanquito, lindo, un poco de ojeras, nada más. Le pongo el dedo bajo la nariz y no sale aire, pero debe ser porque siempre, desde los doce bah, tuvo problemas de corazón, y él médico me dijo que no había nada que hacer, que tenía un tubito de más, algo así, que no me hiciera problema, por eso; y lo miro más de cerca, me cambio los anteojos, le abro los párpados y nada. Las pupilas negras le tapan el celestito. Ni se mueve. Y pienso si lo despierto me va a putear y  entonces lo dejo así, quietito, a oscuras; y me voy a la cocina a ver qué tengo para hacerle una tortita.

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9 comentarios sobre “Madre hay una sola

  1. Relato terrible, de una ingenuidad oscura y suicida…(Pega, pega mucho, yo no fui madre de varones pero sí abuela)…Una gran maestría de Diana, la escritora, con esa simplicidad tortuosa, tan bien lograda que te va llevando hacia la pesadilla, así, despacito, como un cuentito, con torta muy dulce, de miel…al final, para el final…
    GRANDE y pequeño, son las dos cualidades indiscutibles de este cuento. Con una gran economía de palabras, hace un uso atroz, implacable, del lenguaje. La estructura narrativa se desliza, de un modo inquietante, del pasado al futuro, de infancias sospechadas de diferentes, de adolescencias díscolas, a cuidados maternales contundentes y ambiguos… y todo se sostiene en el cruce pasado-futuro, donde un presente insatisfecho es más imposible e inacabado que ese futuro imprevisible…Un miedo casi inconfesable, y en ese presente, ese día lindo de sol, a las tres de la tarde, ese instante de azar, hace, a la madre, una sola, prender la luz, y allí está, blanquito, ojeras, pálido, en ese presente irreversiblemente presente y sólo eso, para dos personajes, de excepcional construcción con pequeños retazos cotidianos y comparaciones inocentes, madre, ella, una sola, y él, hijo, uno solo, el pibe que no creció, ni crecerá, ni crece, fuerte, sano, querible, poderoso.

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      1. Me alegra mucho que te haya dado felicidad mi comentario…quizás lo que te hace feliz es que CONFÍO en tu eximio trabajo y además LO DISFRUTO…(lo oscuro tiene un atractivo poderoso, nos llama desde las sombras con sabor a caramelo de limón)…yo tengo el privilegio de que haya personas que escriben así y me lo comunican, como un regalo…Yo también digo: Diana, UUUUAAAUUUUUU, gracias !!!!…M.

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        1. No María, no, la confianza aprendí a perderla. Hasta no hace mucho tiempo, confiaba ciega, entregada y ardorosamente. Hasta hace muy poco, como confiaba tanto en la confianza, exigía en la misma medida. Pedía a gritos que confiaran en mí. Un día, ya te digo, de no hace mucho tiempo, y creo que lo conté aquí mismo; tuve una charla con mi hijo. Tiene veinte años, pero a veces parece que vivió más que yo. Y me dijo, palabras más, palabras menos, que era estúpido confiar. Y hasta era estúpido pensar en que el otro confiaba en uno ciega, entregada y ardorosamente. Desde ese día, me dedico a vivir. A asombrarme cuando me pasan cosas como estas. Pero no pido ya confianza, y aunque suene triste, no confío ya más en nadie. Gracias igual por tu “laetitia” y por tu “amicitia”, cosas en las que sigo creyendo.

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