Farai un vers de dreit nien/ o Cinco versiones sobre la Nada

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.
Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.

Roberto Juarroz

Recién levantada de una de esas largas siestas de domingo de otoño, donde todo parece no conducir hacia ningún lado; me preparo un mate, y mientras se calienta el agua, y la oscuridad va apoderándose de la cocina, abro sin ganas mi correo y busco entre ellos uno. Uno que me haga redima. Uno que me dé ganas de vivir. Uno que me apasione o me indigne. Uno, al fin, que me quite la angustiosa sensación de ser lo que siento que soy: la nada.

Borro muchos de hot sales, y paso otros que son tan estúpidos que pueden ser más tarde o jamás contestados… pero en uno me detengo:

Felipe Cussen ha subido a la web de la Academia.edu, un artículo que se llama: ESTE ARTÍCULO NO SE TRATA DE NADA.

Voy inmediatamente al sitio y veo que son unas cuantas páginas escaneadas de un libro  llamado Taller de letras Nro 33. A simple vista distingo el famoso poema de Guilhem de Peitieu, mal o bien traducido por su primer verso como Haré un verso sobre absolutamente nada.

Apurada, me bajo el documento, y lo leo como una señal del cielo en este día tan gris, tan tremendamente insignificante.

Encuentro no solamente el “Farai un vers de dreir nien…” sino varios, con el análisis sesudo de Cussen. Un poema de José Corredor-Matheos (otro poeta que me cierra como anillo a Saturno, tan solo de acordarme de su Hoy el día es pesado, y mi cuerpo, de plomo derretido…) y así, leyendo cada vez más calmada continúo, hasta que Cussen lo cita a mi adorado Juarroz, y leo su poema 34 de Poesía Vertical:
Escribir un poema sobre nada
donde puedan flotar todas las transparencias,
lo que no conoció nunca la condena del ser,
lo que ya la abandonó,
lo que está por empezar
y tal vez nunca empiece.
Y escribirlo con nada o casi nada,
con la sombra de las palabras,
los espacios olvidados,
un ritmo que apenas se destaca del silencio
y un silencio acotado en un punto
por detrás de la vida.
Un poema sobre nada y con nada.
Quizá todos los poemas,
pasados, futuros o imposibles,
puedan caber en él,
por lo menos un instante cada uno
como si descansaran en su forma,
en su forma o su nada.

 Es entonces cuando me detengo, dejo ya de leer,  y con una sonrisa pienso en la revista de Poesía de la que hoy (de total casualidad y sin buscarlo) formo parte, con ese título tan sugerente que tiene: “El infinito viajar” , tomado de Magris, que con su grandeza describiera; y pienso en la cantidad de poetas o escritores quienes, al recibir una mísera invitación a participar de esta Revista hecha con tanto esfuerzo, no acusan ni recibo, o simplemente cambian de tema, pero ¡ojo! no por estar atareados y escribiendo o trabajando contra reloj, no; simplemente porque se niegan y se negarán a bajarse del podio al que ellos mismos (y nadie más que ellos) los ha subido. Y entonces, recién entonces, encendiéndome un cigarrillo y largando el humo hacia la noche, me digo como José Corredor-Matheos, que quisiera escribir algo sobre todo esto;

Escribir un poema que nada signifique. Salir a la terraza, respirar en la noche, no esperar que alguien vuelva, no desear ya nada. Abrir solo las manos, y que de entre los dedos, alcen el vuelo, mudas, asombradas palabras.(2)

Y ya tentada de risa, por la concatenación de poemas que me vienen a susurrar uno tras otro, que nadie es nadie y todos somos copias, inestables copias de otros que hoy ya son ceniza, como seremos nosotros, gladiadores de un ideal, de una Revista virtual o una impresa. Y que si nos creemos alguien importante, si nos adjudicamos algún honor por ser parte de ella, o si no queremos formar parte porque está tal o cual, o por estúpidas pero humanas rencillas, digo entonces, que realmente somos la NADA misma. Que gozamos de esa triste pátina del idiota que se cree importante o mejor que otro, cuando hoy, y eso lo lamentaré siempre, jamás llegaremos a leer todo lo que existe para ser leído, sin estar editado, sólo publicado en esta maldita telaraña que cayó sobre todos nosotros un día de 1995.

Agradezco entonces a Gmail, a Academia.edu, a Cussen, y a todos los poetas que sí lo son, lo fueron y lo serán, y que me salvaron, este domingo de sentirme sólo plomo derretido y que gracias a ellos, a todos ellos, puedo decir una vez más: lo he hecho. Escribí algo que va a morir en breve, o, que quizá con suerte, con muchísima suerte, puedan leer las generaciones venideras y dejar de sentirse un día domingo, como un vapor o un metal líquido que ocupa un lugar en el universo.
Si alguien,
cayendo de sí mismo en sí mismo,
manotea para sostenerse de sí
y encuentra entre él y él
una puerta que lleva a otra parte,
feliz de él y de él,
pues ha encontrado su borrador más antiguo,
la primera copia.

(52)

R.J.

Y porque estoy feliz y entendí mi nada, aquí, les dejo un hermoso post con cinco versiones sobre el poema que sobre eso mismo habla; elija cada quien con cual se queda.

La canción que se conoce con el nombre Farai un vers de dreit nien, su primer verso, es la más famosa de las poquísimas que se conservan de Guilhem de Peiteus (Guillermo de Poitiers, Guillermo IX d…

Origen: Farai un vers de dreit nien

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